Qué le pasa al cerebro cuando se desenamora

December 20, 2018

Desenamorarse es el resultado de una acción cerebral. No quiere decir que las personas dejen de querer de un momento a otro, así no más. Lo que sucede es que el cerebro experimenta, al cabo de unos años de haberse prendado locamente de otra persona, una drástica reducción de las sustancias químicas que incentivan ese amor ciego o pasional, e inhiben el juicio crítico relacionado con las emociones negativas.

En ese momento, cuando por fin se está ante un panorama claro, real y sensato, los "desenamorados" se enfrentan a dos opciones: decir adiós a su pareja o luchar por construir con ella un amor verdadero.  
 

Para entender las causas de ese desencanto hay que comprender primero qué pasa por la cabeza de un enamorado, pues en ambas situaciones es el cerebro el que decide.  "El enamoramiento es un estado casi demencial", asegura Georgina Montemayor, investigadora de la Universidad Autónoma de México (Unam), especialista en lo que se conoce en la ciencia como el 'cerebro enamorado'.  

 

El amor no es eterno y es lo tiene muy claro Montemayor. Por eso asegura que esa sensación puede durar entre uno y cuatro años. No más.  Y cuando se acaba ese amor loco, el cerebro humano vuelve a experimentar una función química. 

"Nos damos cuenta de que esa no es la persona con la que queremos compartir el resto de la vida. Empezamos a ver esos defectos que, por estar enamorados, no veíamos o no queríamos reconocer", señala.  
 

Varios estudios científicos han establecido que, cuando una persona está enamorada, pasa el 85 por ciento de su tiempo pensando en el otro. La dopamina acelera las frecuencias cardiaca y respiratoria, y es, en pocas palabras, la responsable de las 'mariposas en el estómago'.

 

El neurólogo Leonardo Palacios, decano de la facultad de medicina de la Universidad del Rosario y experto en la neurobiología del amor, resume así lo que pasa cuando la gente se desenamora: "El desencantamiento ocurre cuando el cerebro hace que la dopamina baje de manera brutal; entonces, aterriza, vuelve a la realidad y hace que la persona sienta que el amor ha desaparecido", explica Palacios.  

En ese punto la persona debe pensar, ahora sí con cabeza fría, si sigue o no con su relación. Si la decepción es tan fuerte y las diferencias son innegociables, no hay vuelta atrás.  Pero si se decide dar un paso adelante, para construir una relación sólida, es necesario comprender que el otro definitivamente es la media naranja y la persona con la que queremos construir un proyecto de vida en común: un hogar, unos hijos o un patrimonio.  

En ese proceso también interviene el cerebro. Según Palacios, en la construcción del amor verdadero se disparan dos hormonas: la oxitocina, conocida como la sustancia química del abrazo, la que nos hace experimentar sensaciones de bienestar a largo plazo, y la vasopresina, que es la hormona vinculada al apego.

Ambas sustancias, sumadas a la decisión de construir una vida en pareja, permiten que se disfrute de cosas sencillas, como caminar de la mano por un parque, más allá del desenfreno sexual.  

 

"Claro que se puede prolongar el amor", responde Palacios al explicar que la dopamina se puede mantener en un buen nivel si, en la relación, ambos luchan por mantenerse enamorados, evitan la rutina y no descuidan nunca los detalles. 

 

 

Fuente: El Tiempo

 

 

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